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Tuesday, May 20, 2008

CALIDAD DE VIDA

Es tan estrecho el vínculo entre alimentos y salud que podemos asegurar que: "los alimentos que comemos se transforman en nosotros". Somos una compleja arquitectura viviente, pensante y perfecta que se construye con materiales obtenidos de la naturaleza y que son ingresados al organismo por medio de los alimentos. Esta compleja y perfecta arquitectura presenta 2 pequeñas imperfecciones... ¿imperfecciones?, se enferma y también muere. La muerte viene como marca de fábrica, esta en nuestro código de barras, imposible eludirla. La enfermedad, sin embargo, tiene 2 variantes, aquella que se presenta como parte de la compleja malla genética, situación que podemos denominar "falla de construcción" y, la segunda, deterioro de la salud que se manifiesta como consecuencia de un medio ambiente agresivo; una tercera variante puede describirse como una combinación de las 2 primeras, vale decir, una falla en la arquitectura cuya sintomatología puede ser gatillada por la presencia de un medio ambiente poco amigable. En cualquier caso, la enfermedad se constituye en un elemento determinante en la calidad de vida.

Es tarea de cada individuo pensante favorecer los medios que lleven a una calidad de vida compatible con el bienestar y, porque no decirlo, con la felicidad. Si bien los factores que intervienen en la calidad de vida incluyen conceptos como: alimentación, ejercicios, drogas(tabaco, alcohol, alucinógenos), estres, entretención, etc. la orientación de este artículo se dirige a los alimentos:

Durante 20 años nuestra dieta incorporó en forma incontrolada los ácidos grasos denominados "trans", presentes en los productos alimenticios desarrollados con aceites hidrogenados (margarinas y grasas utilizadas en la pastelería, entre otras). La industria y también la ciencia los presentó como una revolución beneficiosa para la salud. Hoy se conoce su efecto deletereo, los acidos grasos trans favorecen el aumento de las moleculas LDL del colesterol (colesterol malo) y la disminución del HDL (colesterol bueno) con lo cual se aumenta el riesgo de aterosclerosis y como consecuencia de las enfermedades cardiovasculares (anginas, infartos, enfermedad cerebro vascular, etc.) que ha instalado ha estas enfermedades como la principal causa de muerte en los países desarrollados.

La dieta contemporánea es abundante en ejemplos como el anterior, el alto consumo de azúcar (más disponible que el agua), favorece la obesidad y pavimenta el camino a la diabetes permitiendo la aparición de los hermanos menores: la resitencia a la insulina y la intolerancia a la glucosa. La sociedad toda y, particularmente nuestros hijos, consumimos cantidades abundantes de azúcar disfrazada como golosinas y bebidas de fantasía. Las bebidas cola, famosas por su precursora la Coca - cola y con amplio reconocimiento por su contribución al desarrollo de la economía mundial, representa, como un monumento en el pináculo de idiotez, el mayor contribuyente al deterioro de la salud, permitiendo - gracias a la presencia, además de abundante azúcar, de acido fosfórico y cafeína en su fórmula - del deterioro de nuestro principal sistema de sostén, el tejido óseo.

Las enfermedades cardiovasculares, consecuencia de la obesidad, diabetes, hipertensión y aterosclerosis y las enfermedades provenientes del deficit de calcio, la osteopenia y osteoporosis, que conforman en su conjunto las causas primeras en la disminución de la calidad de vida, observable, desde los años de juventud; tienen como origen común dietas procedentes de la industrialización, ricas en grasa de mala calidad y en carbohidratos refinados. Nos hemos olvidado de la extrema importancia que presenta el consumo frecuente y abundante de frutas, verduras, cereales integrales y leguminosas.

Hoy la sociedad enfrenta un enorme desafío, cuidar nuestro ambiente interno tanto como el medio ambiente, ambos con necesidad de cuidado intensivo, y el cambio solo puede ser propiciado desde cada individuo. Solo aquel que se informa seriamente e incorpora los cambios que se requieren en el y su comunidad inmediata, podrá sobrevivir con buena calidad de vida en un sistema que privilegia y venera exclusivamente el desarrollo economico.

Rafael Jiménez Lira
Nutricionista U. de Chile
www.bajardepesoesunarte.com





Wednesday, January 18, 2006


¿Puede un diabético comer frutas?

Pregunta frecuente en la consulta de nutrición, particularmente en épocas de abundancia de este apetecido producto de la naturaleza. La respuesta es si, un diabético puede comer frutas.
Las frutas contienen un hidrato de carbono llamado fructosa, y aún cuando este presenta características distintas a la glucosa en cuanto a su absorción y a su efecto sobre la glicemia su contenido de azúcar debe ser considerado como parte del total de hidratos de carbonos de la dieta.
Las frutas contienen vitaminas hidrosolubles como la vitamina C y las vitaminas del complejo B que no son almacenadas en nuestro organismo por lo cual se requiere su presencia permanente en la dieta. Tambien contienen carotenos, vitamina E, vitamina K, sales minerales como calcio, magnesio, selenio, zinc, todas sustancias que cumplen un rol importante en la salud. No se debe olvidar que las vitaminas cumplen un rol protector mediante su función como antioxidantes. Las frutas son importantes aportadoras de fitoquímicos compuestos que desarrolla la planta para protegerse de la radiación solar y que son excelentes protectores para nuestro organismo.
La fibra dietética presente en los alimentos de origen vegetal favorecen la función digestiva. Hoy se sabe que el consumo abundante y frecuente de frutas y verduras previenen las enfermedades cardiovasculares y varios tipos de cáncer.
Una persona con diabétes debiera consumir 3 porciones de frutas diariamente. Llamaremos porción a aquella cantidad de fruta que aporta 15 gramos de hidratos de carbono, por ejemplo:
Naranja: 1 porción de tamaño regular (150 gramos).
Manzana: 1 porción pequeña (100 gramos).
Durazno: 1 unidad de tamaño regular (130 gramos).
Damascos: 3 unidades (140 gramos).
Melón: 1 taza (180 gramos).
Sandía: 1 taza (200 gramos).
Piña: 3/4 taza (120 gramos).
Tunas: 2 unidades (150 gramos).
Cerezas: 15 unidades (80 gramos).
Debe entenderse que cada porción de fruta consumida debe formar parte del consumo total de hidratos de carbono de la comida en la que se incluye. Por ejemplo, si su almuerzo es de 50 gramos de hidratos de carbono, la incorporación de 1 porción de fruta ocupa 15 gramos, por lo tanto los demás alimentos deben contener los 35 gramos restantes.
Debe tenerse en cuenta que las frutas se comerán como parte de las comidas establecidas y en los horarios predeterminados.


Rafael Jiménez Lira
Nutricionista (Msc)